SAN JUAN DE LA CRUZ
(1542-1591)
Fiesta: 14 de diciembre
Doctor de la Iglesia
RESUMEN DE SU VIDA
Es este el más
famoso místico español.Nació de familia
muy humilde en Fontiveros, España, en 1542. Su nombre era Juan Yepes.A la muerte de su
padre, la familia quedó en la miseria, y el niño era muy pequeño todavía. La
mamá trabajaba en oficios domésticos en un convento. La familia se trasladó
a Medina del Campo, y allí Juan empezó a aprender el oficio de tejedor, pero
como no tenía aptitudes para los trabajos manuales, entró a trabajar como
mandadero y enfermero del hospital, y así duró siete años.Mientras hacía
sus estudios en el colegio de los jesuitas, practicaba fuertes
mortificaciones corporales.A los 21 años fue
recibido como religioso en la comunidad de Padres Carmelitas, y obtuvo el
permiso de observar los reglamentos con toda la exactitud posible sin buscar
excepciones en nada.Al ser ordenado
sacerdote en 1567, pidió a Dios como especial regalo que lo conservara
siempre en gracia y sin pecado y que pudiera sufrir con todo valor y con
mucha paciencia toda clase de dolores, penas y enfermedades.Santa Teresa
había fundado la comunidad de las Hermanas Carmelitas Descalzas y deseaba
fundar también una comunidad de Padres Carmelitas que se dedicara a observar
los reglamentos con la mayor exactitud posible. Mientras tanto nuestro santo
le pedía a Dios que le iluminara un modo de vivir tan fervoroso que lo
llevara pronto a la santidad. Y he aquí que al encontrarse los dos santos,
descubrió Santa Teresa que este frailecito pequeñito, flaco y debilucho era
el hombre indicado para empezar su nueva comunidad (ella lo llamaba con
humor: "mi medio fraile"). En adelante la amistad entre santa Teresa y
nuestro santo los hará crecer mucho en santidad y en ciencias religiosas a
los dos.Con Fray Juan
(que en adelante añadirá a su nombre el apellido "De la Cruz") y con otros
dos frailes fundó santa Teresa su nueva comunidad de Carmelitas descalzos y
los envió a vivir a un convento muy pobre, llamado Duruelo. Allá nace y
empieza a extenderse la nueva comunidad, que tantos favores iba a traer a la
humanidad. Pronto hubo varios conventos más, y al fundar su nuevo convento
en Salamanca, fue nombrado como rector Fray Juan de la Cruz, el cual se
dedicó con todas sus fuerzas al apostolado.La S. Biblia dice
que Dios a quien más ama, más le hace sufrir, para que gane mayores premios
en el cielo. Y así lo hizo con San Juan de la Cruz. Él mismo cuenta lo que
sucedió entonces: "De pronto se alejó la devoción sensible. No sentía ningún
gusto al rezar y meditar, sino más bien antipatía y rechazo por todo lo que
fuera devoción y oración. Llegaron los escrúpulos que hacían ver como pecado
lo que no lo era. Y mientras el demonio atacaba con violentas tentaciones,
la gente perseguía con calumnias". Todo esto lo describió él en su libro
titulado Noche Oscura del Alma (nombre que desde entonces se ha hecho famoso
para indicar el estado especial del alma en crisis). A esto sucedió un
período todavía más penoso de sequedad espiritual, y tentaciones, de manera
que el alma se veía como abandonada por Dios...". Pero luego vino una
inundación de luces espirituales y de santas alegrías y consolaciones, que
sirvieron de premio a la paciencia con la cual había soportado todo lo
anterior.En 1571, santa
Teresa lo eligió como director espiritual de ella y de las monjitas en su
convento en Ávila, y escribió acerca de él: "Está obrando maravillas. El
pueblo lo tiene por santo. Y es mi opinión que lo es y que lo ha sido
siempre". Sus dirigidas espirituales hacían grandes progresos en santidad,
al recibir sus consejos.Pero los que no
aceptaban esa nueva fundación de Padres Carmelitas descalzos, dispusieron
alejarlo para que la comunidad fracasara. Y una noche llegaron por sorpresa
a su habitación y se lo llevaron preso a Toledo. Allá lo tuvieron encerrado
durante nueve meses en la más inhumana de las prisiones. Una piezucha
oscura, cuya única ventana era altísima; sin ropa para cambiarse, sin
permitirle celebrar misa, con espantosos calores en verano y tremendos fríos
en invierno. Con piojos y demás insectos. Allí sufrió San Juan de la Cruz lo
que santa Teresa dice que les sucede a los santos cuando llegan a la "Sexta
Morada" en santidad: insultos, calumnias, dolores físicos, hambre, sed,
angustias espirituales, tentaciones de renunciar a todo su plan de santidad,
etc. Más tarde cuando otros le pregunten de dónde ha sacado tanto valor para
sufrir toda clase de males, responderá: "Cuando estuve preso en Toledo
aprendí a sufrir".El santo
aprovechó aquellos meses de espantosa soledad e inactividad para componer
alguna de sus más famosas poesías que lo han hecho célebre en todo el mundo.
(En una de ella dice a Dios: "A dónde te escondiste amado – y me dejaste con
gemido – Como el siervo huiste – habiéndome herido – Salí tras de Ti
clamando y ya eras ido"). En la noche de la
fiesta de la Asunción, la Sma. Virgen se le apareció en sueños y le dijo:
"Ten paciencia, que pronto terminará este tormento". Y señalándole una alta
ventana del convento que daba al río Tajo le añadió: "Por ahí saldrás y yo
te ayudaré". Y sucedió que al cumplir nueve meses de estar preso, le
concedieron al santo el poder salir cada mediodía unos pocos minutos a la
azotea a asolearse y a hacer un poco de ejercicio físico. Y por allí vio la
ventana que le había indicado la Virgen. Con un pequeño hierro fue aflojando
por dentro las cerraduras de su prisión y luego rasgando sábanas y ropas,
logró fabricarse un largo lazo para descolgarse hacia el precipicio por
donde pasaba el tormentoso río.Por la noche
quitó las cerraduras, y salió hacia la ventana. Amarró su cuerda, y sin que
los guardianes se dieran cuenta, se descolgó por el muro. Pero había
calculado mal la distancia y quedó colgando a varios metros más arriba de la
muralla que rodea al río. Si se dejaba descolgar sin mucha precisión, podía
caer entre las aguas y se ahogaría. Se soltó y logró caer en la muralla,
pero en un sitio que no tenía salida hacia la calle y donde podía ser
descubierto. Entonces se encomendó a la Sma. Virgen y de un momento a otro
se sintió colocado en la parte exterior que llevaba hacia la calle. Todo
parecía como un milagro. Al amanecer corrió donde las hermanas carmelitas.
Ellas lo escondieron muy bien y por más que lo buscaron luego los enviados a
apresarlo no lo encontraron. Más tarde lo enviaron a un hospital lejano y
así se salvó de la prisión. Estos terribles meses le dañaron su salud ya
para toda la vida: pero lo hicieron crecer mucho en santidad.Dios le había
concedido una cualidad especial: la de saber enseñar el método para llegar a
la santidad. Y eso que enseñaba de palabra a personas que dirigía, lo fue
escribiendo y resultaron unos libros tan importantes que le han conseguido
que el Sumo Pontífice lo haya declarado Doctor de la Iglesia. Algunos de sus
libros más famosos son: "La subida del Monte Carmelo", y "La noche oscura
del alma". Como poeta ha sido admirado por siglos a causa de la musicalidad
de sus poesías y de la belleza de sus versos. Es muy popular su "Cántico
Espiritual".A San Juan de la
Cruz le costaba mucho dedicarse a las labores materiales, porque su
pensamiento vivía ocupado en Dios y en lo espiritual. Después de celebrar la
santa misa, el rostro le brillaba de una manera especial. Su corazón ardía
de tal manera en amor a Dios que hasta en su piel se sentía su inmenso
calor. Las horas que pasaba en oración le parecían minutos. La gente decía
que cuando daba consejos espirituales parecía estar recibiendo mensajes
directamente del Espíritu Santo.Nuestro Señor le
dijo un día: ¿Juan qué regalo me pides, por lo que has escrito de mí?". Y él
le respondió: "Que me concedas valor para padecer por tu amor todos los
sufrimientos que quieras permitir que me sucedan". Y en verdad que le fueron
llegando, en gran cantidad. Hubo hombres que se dedicaron a inventarle toda
clase de calumnias y hasta querían hacerlo echar de su comunidad religiosa,
su salud, después de la prisión era muy deficiente, y llegaron a destituirlo
de todos sus cargos y decretaron que debía irse a un convento lejano.La flebitis y la
erisipela le atormentaban una pierna, y el único modo que le permitía
descansar un poco era amarrar la pierna a un lazo, y echar este sobre una
alta viga y colgar así la pierna. Los superiores le propusieron dos
conventos para ir a pasar sus últimos días, el de Beaza, donde estaba de
superior uno que lo amaba mucho, y el de Ubeda donde el superior le tenía
una tremenda antipatía. Y él escogió el de Ubeda para poder sufrir más. Y
allá fue enviado. El superior le echaba en cara hasta la comida y los
remedios que le daban. Le quitó un enfermero que era muy atento y puso a que
lo cuidara otro que lo trataba mal. No dejaba que le llegaran visitas, y lo
humillaba sin cesar. Esto lo hacía crecer cada día más y más en santidad.
Todo lo soportaba en silencio con la más admirable paciencia. Después de tres
meses de sufrimientos muy agudos, el santo murió el 14 de diciembre del año
1591. Apenas tenía 49 años. Antes de morir quiso que le leyeran unos salmos
de la S. Biblia. Murió diciendo: "En tus manos Señor, encomiendo mi
espíritu".San Juan de la
Cruz: pídele al Señor que también a nosotros nos conceda un gran valor para
ofrecer por amor de Dios todos los sufrimientos que Él permita que nos
sucedan.
Quien regale
aunque sea un vaso de agua, a un discípulo de Cristo, no quedará sin recibir
su recompensa.
AMPLIACIÓN DE SU VIDA
Nació en Fontiveros, provincia de Ávila
(España), hacia el año 1542. Pasados algunos años en la Orden de los
carmelitas, fue, a instancias de Santa Teresa de Jesús, el primero que, a
partir de 1568, se declaró a favor de su reforma, por la que soportó
innumerables sufrimientos y trabajos. Murió en Ubeda el año 1591, con gran
fama de santidad y sabiduría, de las que dan testimonio precioso sus
escritos espirituales.
Vida de Pobreza
Gonzalo de Yepes pertenecía a una buena familia de Toledo, pero como se casó
con una joven de clase "inferior", fue desheredado por sus padres y tuvo que
ganarse la vida como tejedor de seda. A la muerte de Gonzalo, su esposa,
Catalina Alvarez, quedó en la miseria y con tres hijos. Juan, que era el
menor, nació en Fontiveros, en Castilla la vieja, en 1542.
Asistió a una escuela de niños pobres en Medina del Campo y empezó a
aprender el oficio de tejedor, pero como no tenía aptitudes, entró más tarde
a trabajar como criado del director del hospital de Medina del Campo. Así
pasó siete años. Al mismo tiempo que continuaba sus estudios en el colegio
de los jesuitas, practicaba rudas mortificaciones corporales.
A los veintiún años, tomó el hábito en el convento de los carmelitas de
Medina del Campo. Su nombre de religión era Juan de San Matías. Después de
hacer la profesión, pidió y obtuvo permiso para observar la regla original
del Carmelo, sin hacer uso de las mitigaciones (permisos para relajar las
reglas) que varios Pontífices habían aprobado y eran entonces cosa común en
todos los conventos.
San Juan hubiese querido ser hermano lego, pero sus superiores no se lo
permitieron. Tras haber hecho con éxito sus estudios de teología, fue
ordenado sacerdote en 1567. Las gracias que recibió con el sacerdocio le
encendieron en deseos de mayor retiro, de suerte que llegó a pensar en
ingresar en la Cartuja.
Conoce a Santa Teresa
Santa Teresa fundaba por entonces los conventos de la rama reformada de las
carmelitas. Cuando oyó hablar del hermano Juan, en Medina del Campo, la
santa se entrevistó con él, quedó admirada de su espíritu religioso y le
dijo que Dios le llamaba a santificarse en la orden de Nuestra Señora del
Carmen. También le refirió que el prior general le había dado permiso de
fundar dos conventos reformados para hombres y que él debía ser su primer
instrumento en esa gran empresa. La reforma del Carmelo que lanzaron Santa
Teresa y San Juan no fue con intención de cambiar la orden o "modernizarla"
sino mas bien para restaurar y revitalizar su cometido original el cual se
había mitigado mucho. Al mismo tiempo que lograron ser fieles a los
orígenes, la santidad de estos reformadores infundió una nueva riqueza a los
carmelitas que ha sido recogida en sus escritos y en el ejemplo de sus vidas
y sigue siendo una gran riqueza de espiritualidad.
Poco después, se llevó a cabo la fundación del primer convento de carmelitas
descalzos, en una ruinosa casa de Duruelo. San Juan entró en aquel nuevo
Belén con perfecto espíritu de sacrificio. Unos dos meses después, se le
unieron otros dos frailes. Los tres renovaron la profesión el domingo de
Adviento de 1568, y nuestro santo tomó el nombre de Juan de la Cruz. Fue una
elección profética. Poco a poco se extendió la fama de ese oscuro convento
de suerte que Santa Teresa pudo fundar al poco tiempo otro en Pastrana y un
tercero en Mancera, a donde trasladó a los frailes de Duruelo. En 1570, se
inauguró el convento de Alcalá, que era a la vez colegio de la universidad;
San Juan fue nombrado rector.
Con su ejemplo, San Juan supo inspirar a los religiosos e1 espíritu de
soledad, humildad y mortificación. Pero Dios, que quería purificar su
corazón de toda debilidad y apego humanos, le sometió a las más severas
pruebas interiores y exteriores. Después de haber gozado de las delicias de
la contemplación, San Juan se vio privado de toda devoción. A este período
de sequedad espiritual se añadieron la turbación, los escrúpulos y la
repugnancia por los ejercicios espirituales. En tanto que el demonio le
atacaba con violentas tentaciones, los hombres le perseguían con calumnias.
La prueba más terrible fue sin duda la de los escrúpulos y la desolación
interior, que el santo describe en "La Noche Oscura del Alma". A esto siguió
un período todavía más penoso de oscuridad, sufrimiento espiritual y
tentaciones, de suerte que San Juan se sentía como abandonado por Dios. Pero
la inundación de luz y amor divinos que sucedió a esta prueba, fue el premio
de la paciencia con que la había soportado el siervo de Dios.
En cierta ocasión, una mujer muy atractiva tentó descaradamente a San Juan.
En vez de emplear el tizón ardiente, como lo había hecho Santo Tomás de
Aquino en una ocasión semejante, Juan se valió de palabras suaves para hacer
comprender a la pecadora su triste estado. El mismo método empleó en otra
ocasión, aunque en circunstancias diferentes, para hacer entrar en razón a
una dama de temperamento tan violento, que el pueblo le había dado el apodo
de "Roberto el diablo".
Glorias para Dios
En 1571, Santa Teresa asumió por obediencia el oficio de superiora en el
convento no reformado de la Encarnación de Avila y llamó a su lado , San
Juan de la Cruz para que fuese su director espiritual y su confesor. La
santa escribió a su hermana: "Está obrando maravillas aquí. El pueblo le
tiene por santo. En mi opinión, lo es y lo ha sido siempre." Tanto los
religiosos como los laicos buscaban a San Juan, y Dios confirmó su
ministerio con milagros evidentes.
Entre tanto, surgían graves dificultades entre los carmelitas descalzos y
los mitigados. Aunque el superior general había autorizado a Santa Teresa a
emprender la reforma, los frailes antiguos la consideraban como una rebelión
contra la orden; por otra parte, debe reconocerse que algunos de los
descalzos carecían de tacto y exageraban sus poderes y derechos. Como si eso
fuera poco, el prior general, el capítulo general y los nuncios papales,
daban órdenes contradictorias. Finalmente, en 1577, el provincial de
Castilla mandó a San Juan que retornase al convento de Medina del Campo. El
santo se negó a ello, alegando que había sido destinado a Avila por el
nuncio del Papa. Entonces el provincial envió un grupo de hombres armados,
que irrumpieron en el convento de Avila y se llevaron a San Juan por la
fuerza. Sabiendo que el pueblo de Avila profesaba gran veneración al santo,
le trasladaron a Toledo.
Como Juan se rehusase a abandonar la reforma, le encerraron en una estrecha
y oscura celda y le maltrataron increíblemente. Ello demuestra cuán poco
había penetrado el espíritu de Jesucristo en aquellos que profesaban
seguirlo.
Sufrimiento y unión con Dios
La celda de San Juan tenía unos tres metros de largo por dos de ancho. La
única ventana era tan pequeña y estaba tan alta, que el santo, para leer e1
oficio, tenía que ponerse de pie sobre un banquillo. Por orden de Jerónimo
Tostado, vicario general de los carmelitas de España y consultor de la
Inquisición, se le golpeó tan brutalmente, que conservó las cicatrices hasta
la muerte. Lo que sufrió entonces San Juan coincide exactamente con las
penas que describe Santa Teresa en la "Sexta Morada": insultos, calumnias,
dolores físicos, angustia espiritual y tentaciones de ceder. Más tarde dijo:
"No os extrañe que ame yo mucho el sufrimiento. Dios me dio una idea de su
gran valor cuando estuve preso en Toledo".
Los primeros poemas de San Juan que son como una voz que clama en el
desierto, reflejan su estado de ánimo:
En dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
El prior Maldonado penetró la víspera de la Asunción en aquella celda que
despedía un olor pestilente bajo el tórrido calor del verano y dio un
puntapié al santo, que se hallaba recostado, para anunciarle su visita. San
Juan le pidió perdón, pues la debilidad le había impedido levantarse en
cuanto lo vio entrar. "Parecíais absorto. ¿En qué pensabais?", le dijo
Maldonado.
"Pensaba yo en que mañana es fiesta de Nuestra Señora y sería una gran
felicidad poder celebrar la misa", replicó Juan.
"No lo haréis mientras yo sea superior", repuso Maldonado.
En la noche del día de la Asunción, la Santísima Virgen se apareció a su
afligido siervo, y le dijo: "Sé paciente, hijo mío; pronto terminará esta
Prueba."
Algunos días más tarde se le apareció de nuevo y le mostró, en visión, una
ventana que daba sobre el Tajo: "Por ahí saldrás y yo te ayudaré." En
efecto, a los nueve meses de prisión, se concedió al santo la gracia de
hacer unos minutos de ejercicio. Juan recorrió el edificio en busca de la
ventana que había visto. En cuanto la hubo reconocido, volvió a su celda.
Para entonces ya había comenzado a aflojar las bisagras de la puerta. Esa
misma noche consiguió abrir la puerta y se descolgó por una cuerda que había
fabricado con sábanas y vestidos. Los dos frailes que dormían cerca de la
ventana no le vieron. Como la cuerda era demasiado corta, San Juan tuvo que
dejarse caer a lo largo de la muralla hasta la orilla del río, aunque
felizmente no se hizo daño. Inmediatamente, siguió a un perro que se metió
en un patio. En esa forma consiguió escapar. Dadas las circunstancias, su
fuga fue un milagro.
Gran guía y director espiritual
El santo se dirigió primero al convento reformado de Beas de Segura y
después pasó a la ermita cercana de Monte Calvario. En 1579, fue nombrado
superior del colegio de Baeza y, en 1581, fue elegido superior de Los
Mártires, en las cercanías de Granada. Aunque era el fundador y jefe
espiritual de los carmelitas descalzos, en esa época participó poco en las
negociaciones y sucesos que culminaron con el establecimiento de la
provincia separada de Los Descalzos, en 1580. En cambio, se consagró a
escribir las obras que han hecho de él un doctor de teología mística en la
Iglesia.
La doctrina de San Juan es plenamente fiel a la tradición antigua: el fin
del hombre en la tierra es alcanzar "Perfección de la caridad y elevarse a
la dignidad de hijo de Dios por el amor"; la contemplación no es por sí
misma un fin, sino que debe conducir al amor y a la unión con Dios por el
amor y, en último término, debe llevar a la experiencia de esa unión a la
que todo está ordenado. "No hay trabajo mejor ni mas necesario que el amor",
dice el santo. "Hemos sido hechos para el amor." El único instrumento del
que Dios se sirve es el amor." "Así como el Padre y e1 Hijo están unidos por
el amor, así el amor es el lazo de unión del alma con Dios".
El amor lleva a las alturas de la contemplación, pero como que amor es
producto de la fe, que es el único puente que puede salvar el abismo separa
a nuestra inteligencia de la infinitud de Dios, la fe ardiente y vívida el
principio de la experiencia mística. San Juan no se cansó nunca de inculcar
esa doctrina tradicional con su estilo maravilloso y sus ardientes palabras.
Las verdades que enseñó no deben empañarse por las prácticas que puedan ser
exageradas. Al mismo tiempo se ha de tener cuidado en discernir que es
exageración. ¿Cual es nuestro punto de referencia?, ¿Fueron todos los santos
exagerados?, ¿Fue Jesucristo exagerado, aceptando morir en la Cruz?. ¿O no
será mas bien que nosotros no sabemos amar hasta el extremo?.
Dios no pide lo mismo a todos. El sabe la capacidad y el corazón de cada
uno. El amor expande el corazón y las capacidades de entrega.
Solía pedir a Dios tres cosas: que no dejase pasar un solo día de su vida
sin enviarle sufrimientos, que no le dejase morir en el cargo de superior y
que le permitiese morir en la humillación y el desprecio.
Con su confianza en Dios (llamaba a la Divina Providencia el patrimonio de
los pobres), obtuvo milagrosamente en algunos casos provisiones para sus
monasterios. Con frecuencia estaba tan absorto en Dios, que debía hacerse
violencia para atender los asuntos temporales.
Su amor de Dios hacía que su rostro brillase en muchas ocasiones, sobre todo
al volver de celebrar la misa. Su corazón era como una ascua ardiente en su
pecho, hasta el punto de que llegaba a quemarle la piel. Su experiencia en
las cosas espirituales, a la que se añadía la luz del Espíritu Santo, hacían
de un consumado maestro en materia de discreción de espíritus, de modo que
no era fácil engañarle diciéndole que algo procedía de Dios.
Juan dormía unas dos o tres horas y pasaba el resto de la noche orando ante
el Santísimo Sacramento.
Pruebas y más pruebas
Después de la muerte de Santa Teresa, ocurrida en 1582, se hizo cada vez más
pronunciada una división entre los descalzos. San Juan apoyaba la política
de moderación del provincial, Jerónimo de Castro, en tanto que el P. Nicolás
Doria, que era muy extremoso, pretendía independizar absolutamente a los
descalzos de la otra rama de la orden.
El P. Nicolás fue elegido provincial y el capítulo general nombró a Juan
vicario de Andalucía. El santo se consagró a corregir ciertos abusos,
especialmente los que procedían del hecho de que los frailes tuviesen que
salir del monasterio a predicar. El santo opinaba que la vocación de los
descalzos era esencialmente contemplativa. Ello provocó oposición contra él.
San Juan fundó varios conventos y, al expirar su período de vicario, fue
nombrado superior de Granada. Entre tanto, la idea del P. Nicolás había
ganado mucho terreno y el capítulo general que se reunió en Madrid en 1588,
obtuvo de la Santa Sede un breve que autorizaba una separación aún más
pronunciada entre los descalzos y los mitigados. A pesar de las protestas de
algunos, se privó al venerable P. Jerónimo Gracián de toda autoridad y se
nombró vicario general al P. Doria. La provincia se dividió en seis
regiones, cada una de las cuales nombró a un consultor para ayudar al P.
Gracián en el gobierno de la congregación. San Juan fue uno de los
consultores.
La innovación produjo grave descontento, sobre todo entre las religiosas. La
venerable Ana de Jesús, que era entonces superiora del convento de Madrid,
obtuvo de la Santa Sede un breve de confirmación de las constituciones, sin
consultar el asunto con el vicario general. Finalmente, se llegó a un
compromiso en ese asunto. Sin embargo, en el capítulo general de Pentecostés
de 1591, San Juan habló en defensa del P. Gracián y de las religiosas.
El P. Doria, que siempre había creído que el santo estaba aliado con sus
enemigos, aprovechó la ocasión para privarle de todos sus cargos y le envió
como simple fraile al remoto convento de La Peñuela. Ahí pasó San Juan
algunos meses entregado a la meditación y la oración en las montañas,
"porque tengo menos materia de confesión cuando estoy entre las peñas que
cuando estoy entre los hombres."
Pero no todos estaban dispuestos a dejar en paz al santo, ni siquiera en
aquel rincón perdido. Siendo vicario provincial, San Juan, durante la visita
al convento de Sevilla, había llamado al orden a dos frailes y había
restringido sus licencias de salir a predicar. Por entonces, los dos frailes
se sometieron pero un consultor de la congregación recorrió toda la
provincia tomando informes sobre la vida y conducta de San Juan, lanzando
acusaciones contra él, afirmando que tenía pruebas suficientes para hacerle
expulsar de la orden. Muchos de los frailes prefirieron seguir la corriente
adversa a Juan que decir la verdad que hace justicia. Algunos llegaron hasta
quemar sus cartas para no caer en desgracia.
En medio de esa tempestad San Juan cayó enfermo. El provincial le mandó
salir del convento de Peñuela y le dio a escoger entre el de Baeza y el de
Ubeda. El primero de esos conventos estaba mejor provisto y tenía por
superior a un amigo del santo. En el otro era superior el P. Francisco, a
quien San Juan había corregido junto con el P. Diego. Ese fue el convento
que escogió.
La fatiga del viaje empeoró su estado y le hizo sufrir mucho. Con gran
paciencia, se sometió a varias operaciones. El indigno superior le trató
inhumanamente, prohibió a los frailes que le visitasen, cambió al enfermero
porque le atendía con cariño, sólo le permitía comer los alimentos
ordinarios y ni siquiera le daba los que le enviaban algunas personas de
fuera. Cuando el provincial fue a Ubeda y se enteró de la situación, hizo
cuanto pudo por San Juan y reprendió tan severamente al P. Francisco, que
éste abrió los ojos y se arrepintió.
Santo y Doctor de la Iglesia
Después de tres meses de sufrimientos muy agudos, el santo falleció el 14 de
diciembre de 1591.
En su muerte no se había disipado todavía la tempestad que la ambición del
P. Nicolás y el espíritu de venganza del P. Diego habían provocado contra él
en la congregación de la que había sido cofundador y cuya vida había sido el
primero en llevar.
La muerte del santo trajo consigo la revalorización de su vida y tanto el
clero como los fieles acudieron en masa a sus funerales. Dios quiso que se
despejaran las tinieblas y se vieses su vida auténtica para edificación de
muchas almas. Sus restos fueron trasladados a Segovia, pues en dicho
convento había sido superior por última vez.
Fue canonizado en 1726
Santa Teresa había visto en Juan un alma muy pura, a la que Dios había
comunicado grandes tesoros de luz y cuya inteligencia había sido enriquecida
por el cielo. Los escritos del santo justifican plenamente este juicio de
Santa Teresa, particularmente los poemas de la "Subida al Monte Carmelo", la
"Noche Oscura del Alma", la "Llama Viva de Amor" y el "Cántico Espiritual",
con sus respectivos comentarios. Así lo reconoció la Iglesia en 1926, al
proclamar doctor a San Juan de la Cruz por sus obras Místicas.
La doctrina de San Juan se resume en el amor del sufrimiento y el completo
abandono del alma en Dios. Ello le hizo muy duro consigo mismo; en cambio,
con los otros era bueno, amable y condescendiente. Por otra parte, el santo
no ignoraba ni temía las cosas materiales, puesto que dijo: "Las cosas
naturales son siempre hermosas; son como las migajas de la mesa del Señor."
San Juan de la Cruz vivió la renuncia completa que predicó tan
persuasivamente. Pero a diferencia de otros menores que él, fue "libre, como
libre es el espíritu de Dios". Su objetivo no era la negación y el vacío,
sino la plenitud del amor divino y la unión sustancial del alma con Dios.
"Reunió en sí mismo la luz extática de la Sabiduría Divina con la locura
estremecida de Cristo despreciado".