San Juan María Bautista Vianney
El Cura de Ars
(1786-1859)
Fiesta: 4 de Agosto
Patrón de los sacerdotes.
Ejemplo de virtud, confesor, promotor de la Eucaristía
y de la devoción Mariana.
RESUMEN DE SU VIDA
Recibió la tonsura en 1811 y,
a fines del año siguiente, fue a estudiar filosofía en el seminario menor de
Verrieres. No se distinguió en los estudios; pero trabajó con tal humildad y
tesón, que en 1813, pasó al seminario mayor de Lyon. No se le podía admitir
al sacerdocio por las dificultades que presentaba en el estudio. Finalmente,
luego de mucho perseverar, el 2 de julio de 1814, Juan María recibió las
ordenes menores y el subdiaconado y volvió a Ecully a proseguir sus
estudios. En junio de 1815 (cinco días después de la batalla de Waterloo),
recibió el diaconado y, el 12 de agosto, se le confirió el sacerdocio. Al
día siguiente cantó su primera misa y fue nombrado vicario del P. Balley.
El vicario general de Lyon había dicho en la ordenación de Juan María: "La
Iglesia no necesita sólo sacerdotes sabios, sino también sacerdotes santos".
En efecto, Juan María sabía lo que un sacerdote debía saber, aunque no lo
hubiese aprendido en los libros. Por ejemplo, por lo que toca a la teología
moral, el P. Bouchard le había examinado a fondo sobre "casos" difíciles y
el santo había respondido acertadamente, basándose en el sentido común, pero
el sentido común de un santo.
En 1818, fue nombrado cura de Ars-en-Dombes, una remota aldea de 230 almas.
El P. Vianney decidió emprender a fondo la reconversión de Ars. Para ello se
valió del trato personal con los habitantes, de la dirección espiritual en
el confesionario y de la predicación. Luchó contra la blasfemia, la
mundanidad y la obsenidad. En 1821, el territorio de Ars fue convertido en
parroquia sufragánea y, en 1823, pasó a formar parte de la nueva diócesis de
Belley. En tanto que el pueblo se convertía lentamente a la vida cristiana,
el Cura de Ars era objeto de una verdadera persecución por parte del
demonio. En toda la hagiología no existe un solo caso en el que la acción
del demonio haya sido tan larga (duró más de 30 años), violenta y variada.
Los fenómenos iban desde ruidos y voces hasta los ataques personales. Pero
el P. Vianney tomaba la acción del demonio con tal naturalidad, que parecía
considerarla como parte normal de la jornada.
Otro de los hechos extraordinarios es que Ars se convirtió en un sitio de
peregrinación en vida del santo. Desde 1827, empezaron a acudir a Ars los
peregrinos del exterior. Entre 1830 y 1845 hubo un promedio de 300
peregrinos por día. El P. Vianney tenía que pasar hasta 16 horas al día en
el confesionario. Atribuía las curaciones que obraba a la intercesión de
Santa Filomena. Fue canonizado por el Papa Pío XI en 1925 y, en 1929, le
proclamó principal patrono del clero parroquial.
AMPLIACIÓN DE SU VIDA
San Juan Bautista Vianney nació el 8 de Mayo
de 1786 y fue Bautizado el mismo día. Era el cuarto de ocho hermanos. Como
muchos otros santos, nuestro santo disfrutó de la preciosa ventaja de haber
nacido de padres verdaderamente cristianos.
Su padre era el dueño de una finca y su madre era nativa del pueblo de
Ecully, el cual como Dardilly, el lugar donde nació el santo, estaban cerca
de la ciudad de Lyons.
Sería un error contemplar a la familia Vianney como ignorantes . Sin duda
alguna ambos padres y los niños pasaban días arduos en los campos y viñedos,
pero la conciencia de que por varios siglos esta tierra había pertenecido a
los Vianneys , inspiraba a la familia con un legítimo orgullo y disfrutaban
de la estima de todos aquellos que les conocían.
La amabilidad hacia los pobres y necesitados era una virtud familiar; ningún
mendigo fue nunca arrojado de sus puertas. Así fue como un día fueron
privilegiados de dar hospitalidad a San Benito Labre, cuando el patrono de
los mendigos pasó por el pueblo de Dardilly en uno de sus peregrinajes a
Roma.
Desde muy niño sus padres lo llevaban a los campos, donde aprendió a ser
pastor y, cuando era mayorcito se iba a cuidar los rebaños. El campo era su
lugar preferido, las flores, los árboles, toda la naturaleza le hablaba de
Dios, en quien encontraba el descanso de su corazón.
Con frecuencia se iba bajo la sombra de un árbol grande y allí, hacía como
un pequeño altar donde ponía la imagen de la Virgen Santísima, que siempre
llevaba y llevaría toda su vida junto a él; y a los pies de la Madre,
descargaba su corazón con la confianza de un niño pequeño.
En otras ocasiones llamaría a sus otros compañeros pastores y les
compartiría las cosas del Señor que aprendía de su mamá, siendo éstas sus
primeras clases de catecismo que luego, diariamente compartiría con los
habitantes de Ars, siendo este uno de sus mas grandes ministerios como
sacerdote.
Tenía la costumbre de hacer la señal de la cruz, cada vez que sonaba el
reloj.
Francia en esta época de 1790, estaba pasando una gran crisis -La Revolución
Francesa- que con el pretexto de implantar "Libertad, igualdad y
fraternidad" desató una masiva persecución que llevó a la guillotina a
muchos hombres y mujeres, incluyendo a muchos sacerdotes y religiosas.
Los sacerdotes tenían que disfrazarse, cambiando constantemente de
domicilio, para poder ministrar al pueblo de Dios, que permanecía fiel.
Entre estos sacerdotes se encuentran dos que serán muy importantes en la
vocación de San Juan: el Padre Balley y el Padre Groboz, quienes trabajaban
ambos en Ecculy. Uno hacía de panadero y el otro de cocinero.
Es en este tiempo en el que Juan Bautista hace su Primera Comunión en Ecculy,
en la casa de su mamá. Buscando no llamar la atención de las autoridades,
trajeron carros de heno y los pusieron frente a las ventanas y comenzaron a
descargarlos durante la ceremonia para evitar conflicto. Juan Bautista tenía
13 años, y aún siendo tan mayorcito lágrimas corrieron por sus mejillas al
recibir al Señor, y durante toda su vida hablará siempre de este día y
atesoraría el rosario que su madre le regaló en esta ocasión.
Estudiante de la Iglesia
Al subir al poder Napoleón Bonaparte, gradualmente, la Iglesia obtuvo cierta
libertad.
Por corto tiempo Juan Bautista asistió a una escuela de su pueblo, pero
ahora que estaba creciendo, cada vez más los campos exigían de su trabajo.
Fue en estas largas horas de faena en las que su convicción de ser sacerdote
creció en su mente. Se decía: "Si soy Sacerdote podría ganar muchas almas
para Dios", y este pensamiento lo compartía con su madre, en quien
encontraba apoyo, pero su padre le dio gran lucha. Tuvieron que pasar dos
años para que el padre aceptase las aspiraciones de su hijo de ser
sacerdote.
El Arzobispo de Lyons, quien era tío de Napoleón, sabía que su primer deber
era buscar candidatos para el sacerdocio y así cada Parroquia fue instruida
para que se iniciase una campaña para promover las vocaciones al Sacerdocio.
El Padre Balley, quien ahora era el Párroco de Ecculy, abrió en la rectoría
una pequeña escuela para formar aquellos jóvenes que sintiesen el llamado de
la vocación.
Era la oportunidad para Juan Bautista; podía ir a la escuela del Padre
Balley y quedarse en la casa de su tía; hasta su padre vio las ventajas de
esta oportunidad y le dio el permiso para irse. Juan Bautista tenía 20 años.
Muchos dicen que era torpe, para no decir estúpido. Sin embargo no puede
haber algo mas lejos de la realidad. Su juicio nunca estuvo errado, pero su
memoria era pobre. El mismo decía : "Que no podía guardar nada en su mala
cabeza".
Al ver que le era tan difícil retener especialmente la gramática del Latín,
en un momento de desesperación casi se regresa a su casa, pero felizmente el
Padre Balley captó el peligro en el que se hallaba su estudiante, y le pidió
hiciese un peregrinaje al Santuario de San Francisco Regis, en Louvesc. El
peregrinaje logró un cambio en él , lo que hizo que su progreso fuese por lo
menos lo suficiente para salvarlo del sentimiento de desaliento que casi
logra apartarlo de sus estudios.
Desertor involuntario
El apetito de poder de Napoleón era insaciable. Se había lanzado a la
conquista de Europa, lo que provocó que muchos muriesen en su ejército. La
falta de soldados lo llevó a reclutar más aun y en el 1806 la clase de Juan
Bautista fue llamada a enlistarse. Pasaron dos años, pero en el otoño de
1809, Juan Bautista, a pesar de estar exento por ser seminarista, fue
llamado para el ejército. Parece que el nombre de nuestro santo no estaba
escrito en las listas oficiales de los estudiantes de la Iglesia que las
diócesis proveían a las autoridades. El joven Vianney fue mandado a los
regimientos de España. Sus padres trataron de encontrar un substituto y por
la suma de 3,000 francos un joven se voluntarizó para ir en su lugar pero se
arrepintió al último minuto.
El 26 de Octubre Juan Bautista entró en las barracas de Lyons solo para
enfermarse. De aquí lo enviaron al hospital de Roanne donde la enfermera
encargada lo ayudó a volver a tener el aspecto de buena salud. Enero 6,
1810, Juan Bautista dejó el hospital, para encontrarse con la noticia de que
su compañía se había marchado hacía mucho tiempo. Solo quedaba el tratar de
alcanzarles.
El invierno era recio y una fiebre altísima lo atacó lo que provocó que muy
pronto no pudiese seguir avanzando. Entrando, en un cobertizo que le dio
cobijo, se sentó sobre su bolsa y comenzó a rezar el Rosario. Dijo tiempo
después que "Quizás nunca lo recé con tanta confianza". De pronto un extraño
se le presentó frente a él y le preguntó: "¿qué estás haciendo aquí?". Juan
Bautista le contó lo que le había pasado y desde ese momento el extraño
cargó su pesada bolsa y le dijo que le siguiese. Llegaron a la casa de un
labrador y allí estuvo por varios días hasta que se le pasó la fiebre.
Mientras estaba en cama por primera vez pasó por su mente la realidad de que
sin haber sido culpa suya, el era ahora un desertor.
Conocía al Mayor Paul Fayot, quién se dedicaba a esconder desertores y
acudió a el, pero no tenía lugar y le recomendó quedarse en la casa de su
prima Caludine Fayot, una viuda con cuatro niños. Desde ese momento Vianney
adoptó el nombre de Jerome Vincent. Bajo ese nombre llegó hasta abrir una
escuela para los niños de la villa.
En el 1810 un decreto imperial concedió amnistía a todos los desertores de
los años 1806 a 1810. Juan Bautista estaba cubierto por este decreto así que
era libre de regresar a casa y terminar sus estudios. La Divina Providencia
y la asistencia de la Virgen lo habían salvado.
Su madre murió poco después de esta feliz reunión. Ahora tenía 24 años y el
tiempo apremiaba. El 28 de Mayo de 1811 recibió la tonsura. El Padre Balley,
viendo esencial que fuese a tomar estudios regulares lo mandó al Seminario
Menor de Verrieres. Aquí el joven Vianney sufrió y tuvo gran faena, pero
nunca brilló como un filósofo.
Dificultad con los estudios
En Octubre 1813, entró en el Seminario Mayor de Lyons. Su inadecuado
conocimiento del latín le hizo imposible captar lo que los profesores decían
o responder a las preguntas que le eran hechas. Al final de su primer
término le pidieron que se marchara, y su dolor y desaliento eran inmensos.
Por algún tiempo pensó en irse a una de tantas congregaciones de hermanos
religiosos; sin embargo una vez más el Padre Balley vino en su rescate y sus
estudios le fueron dados en privado en Ecculy. Pero no pasó el examen previo
a la ordenación. Un examen privado en la rectoría de Ecculy probó ser más
satisfactorio y fue tomado como suficiente, siendo juzgadas justamente sus
cualidades morales que sobrepasaban cualquier falta académica.
En Agosto 13, 1815, Juan Bautista Vianney fue elevado al sacerdocio, a esa
inefable dignidad de la que tan frecuentemente hablaba diciendo: "El
Sacerdote solo será entendido en el cielo"; tenía 29 años de edad.
Su primera Misa la dijo en la capilla de Seminario en Grenoble.
En su regreso a Ecculy la copa de felicidad rebosó cuando se enteró que
sería ayudante de su santo amigo y maestro, el Padre Balley. Pero las
autoridades diocesanas determinaron que por un tiempo, el que luego pasaría
gran parte de su vida en un confesionario, no debía tener las facultades
para confesar. Mas tarde, el Padre Balley habló con las autoridades
eclesiásticas y el fue su primer penitente.
Su hermana Margarita decía: "él no predicaba muy bien todavía, pero la gente
acudía en masa cuando le tocaba a él predicar".
En Diciembre 17, 1817, murió en sus brazos su querido amigo el Padre Balley,
a quien lloró como si hubiese sido su padre. El, que era tan desprendido de
las cosas materiales, hasta el fin de su vida tendría un pequeño espejo de
mano que perteneció a su maestro y padre, porque él decía que "Había
reflejado su rostro". Poco tiempo de la muerte del Padre Balley, M. Vianney
fue asignado al pueblo de Ars, un pequeño y aislado pueblo donde se pensó
que sus limitaciones intelectuales no podrían hacer mucho daño..
Párroco de Ars: 1818-1859.
El pueblecito de Ars se encuentra en una planicie ondulada, que tiene en su
centro una pequeña colina donde se encuentra la Iglesia, sirviéndole como de
plataforma. En el 1815 consistía de unas 40 casas. Su iglesia estaba
extremadamente dañada y de igual condición estaba la rectoría, que se
encontraba a un lado del valle.
En los círculos clericales, Ars era mirado como un tipo de Siberia. El
distrito era torpe, la desolación espiritual era aún mayor que la material.
En los primeros días de Febrero de 1818, que el Abbe Vianney recibió la
notificación oficial de su traslado a Ars. El Vicario General le dijo: "No
hay mucho amor en esa parroquia, tu le infundirás un poco". El 9 de febrero,
M. Vianney se dirigió hacia el lugar que sería por los siguientes 41 años el
lugar de su sorprendente y sin precedente actividad. Caminó 38 Km. desde
Ecculy hasta Ars. Le seguían en un carretón una cama de madera, un poco de
ropa y los libros que le dejó el Padre Balley. Cuando pudo divisar la
pequeña villa, hizo un comentario de su pequeñez y al mismo tiempo hizo una
profecía: "La parroquia no será capaz de contener a las multitudes que
vendrán hacia aquí".
Los habitantes del pueblo en su mayoría buscaban los placeres del mundo y no
tenían mucha fe, aunque quedaba un pequeño núcleo de personas que
permanecían fervorosas, entre las cuales estaba la señora de la casa más
grande de Ars, Mlle. des Garets, quien dividía su tiempo entre la oración y
las obras de caridad.
Al llegar, su primera preocupación era la de establecer contacto con su
rebaño. Visitó cada casa de la parroquia. En estos primeros días todavía
encontraba tiempo para caminar por las praderas, con su breviario (libro de
oración) en las manos, y su sombrero de tres esquinas debajo de su brazo, ya
que rara vez se lo ponía. Para ganar la amistad de los habitantes les
hablaba del estado de las cosechas, del tiempo, de sus familias etc.
Sobre todo el oraba y añadía a la oración las más austeras penitencias. Hizo
sus propios instrumentos de penitencia. Su cama era el piso ya que la cama
que trajo de Ecculy la regaló.
Pasaría sin comer varios días. Hasta el 1827 no había nadie que hiciese las
labores domésticas en la rectoría. Su plato principal eran papas y en
ocasiones hervía un huevo. Hubo una ocasión en la que trató de vivir de
hierba, pero luego confesó que tal dieta era imposible.
El decía: "El demonio no le teme tanto a la disciplina y a las camisas de
pelo; lo que realmente teme es a la reducción de comida, bebida y sueño".
El Santo Cura gozaba de la belleza de las praderas y los árboles, pero amaba
mucho más la belleza de la Casa de Dios y las solemnidades de la Iglesia.
Empezó por comprar un altar nuevo, con sus propios ahorros, y el mismo pintó
el trabajo de madera con el que las paredes estaban adornadas.
Se hizo el propósito de restaurar y dar mayor esplendor a lo que el llamaba:
"Los muebles de la Casa de Dios". Para el Señor compró lo mejor en encajes ,
telas, tejidos para hacer las vestimentas sacerdotales, que aun se pueden
admirar en Ars.
Trabajo Pastoral
La secuela más desastrosa de la revolución era la ignorancia religiosa de
las personas. El santo cura resolvió hacer todo lo posible para remediar el
estado deplorable de los corazones.
Sin embargo sus sermones e instrucciones le costaban un dolor enorme: su
memoria no le permitía retener, así que pasaba noches enteras en la pequeña
sacristía, en la composición y memorización de sus sermones de Domingo; en
muchas ocasiones trabajaba 7 horas corridas en sus sermones.
Un parroquiano le preguntó una vez, porqué cuando predicaba hablaba tan alto
y cuando oraba tan bajo, y él le dijo: "Ah, cuando predico le hablo a
personas que están aparentemente sordas o dormidas, pero en oración le hablo
a Dios que no es sordo" .
Los niños le daban aún más lástima que los adultos y comenzó a agruparlos en
la rectoría y luego en la iglesia, tan temprano como las 6 de la mañana,
porque en el campo el trabajo se inicia al amanecer. Era bien disciplinado y
les demandaba que se supiesen el catecismo palabra por palabra.
En esos días la profanación del Domingo era común y los hombres pasaban la
mañana trabajando en el campo y las tardes y noches en los bailes o en las
tabernas. San Juan luchó en contra de estos males con gran vehemencia.
"La taberna, declaró el santo en uno de sus sermones, es la tienda del
demonio, el mercado donde las almas se pierden, donde se rompe la armonía
familiar, donde comienzan las peleas y los asesinatos se cometen. En cuanto
a los dueños de las tabernas, el demonio no les molesta tanto, sino que los
desprecia y les escupe".
Tan grande fue la influencia del Cura de Ars, que llegó una época donde toda
taberna de Ars tuvo que cerrar sus puertas por la falta de personas. En
tiempos subsecuentes, modestos hoteles se abrieron para acomodar a los
extraños, y a estos el Santo Cura no se opuso.
Con mucho más ahínco se propuso eliminar la costumbre de los bailes como
distracción, porque bien sabía que eran fuente de caer en pecado grave. Para
esto, revivió la costumbre de rezar las Vísperas del Domingo. Era tan
estricto en contra de esto que hasta llegaba a negar la absolución a las
personas que no desistían de tal costumbre.
Por esta razón se ganó muchos enemigos, que decían grandes calumnias en su
contra sin embargo él las tomaba ligeramente y no ponía su corazón en esto.
Triunfo
Pasaron dos años cuando llegó la noticia de que M. Vianney sería el Cura de
Salles, en Beaujolais. Todo el pueblo de Ars estaba consternado con la
noticia. Una señora de Ars, en una carta, habló de estrangular al Vicario
General.
Para asegurar su futuro, el pueblo pidió que su villa fuese erigida en
parroquia regular y que su párroco fuese el Cura de Ars. El Padre Vianney
fue puesto como párroco, ya que hasta ese momento solo había sido capellán
(los capellanes son mas fáciles de trasladar que los párrocos).
Ese mismo año el Santo Cura de Ars inició los trabajos en la Iglesia. Se
construyó una torre, y varias capillas laterales, entre ellas una dedicada a
la Santísima Virgen, donde por 40 años todos los sábados diría Misa el santo
cura. La Iglesia fue además enriquecida con muchas estatuas y cuadros.
Quería tener buenas escuelas en el pueblo y para comenzar abrió una escuela
gratis para niñas a la que llamó "Providencia". Desde 1827 recibió como
internas solo a niñas destituidas. Para ellas tenía que encontrar comida y
más de una vez intervino el Señor milagrosamente, multiplicando el grano o
la harina. Durante 20 años iba todos los días a cenar a esta casa.
Después de 2 años y medio, el Domingo se respetaba como el día del Señor.
Todo el pueblo iba a Vísperas. El Cura de Ars amaba las ceremonias de la
Iglesia. Personalmente entrenaba a sus servidores del altar. Su fiesta
favorita era Corpus Christi. En este día dejaba un poco el confesionario e
iba por el pueblo admirando las decoraciones; él mismo llevaba el Santísimo.
El último día de esta fiesta que celebró fue 40 días antes de su muerte y
sin el saberlo el mayor del pueblo contrató una banda de música. Al primer
sonido de la música se estremeció nuestro santo de alegría, y cuando todo
hubo terminado no encontraba palabras suficientes para agradecer este regalo
para el Señor.
Su tierno amor por la Virgen Santísima lo movió a consagrar su Parroquia a
la Reina del Cielo. Sobre la entrada de la pequeña Iglesia puso una estatua
de la Virgen que aún se encuentra en el mismo lugar.
Cuando el Papa Pío IX definió el Dogma de la Inmaculada Concepción, nuestro
santo pidió a los habitantes del pueblo que iluminasen sus casas de noche, y
las campanas de la iglesia resonaron por horas de horas. Al ver esta
luminosidad desde los pueblos cercanos, pensaron que el pueblo estaba en
llamas, y acudieron a apagar el supuesto fuego. Hasta el día de hoy existe
un sombrero de plata cerca de la estatua de la Virgen donde están escritos
los nombres de todos los parroquianos de Ars.
Atacado por las fuerzas del Infierno.
Era de esperarse que un triunfo tan grande de la religión así como la
santidad del instrumento que Dios usó con este fin, trajese la furia del
infierno. Por un periodo de 35 años el santo Cura de Ars fue asaltado y
molestado, de una manera física y tangible, por el demonio.
La ocupación ordinaria del demonio, permitida por Dios hacia nosotros, es la
tentación. El demonio también puede asechar las almas de diversas maneras.
a) Asedio: acción extraordinaria del demonio, cuando busca aterrorizar por
medio de apariciones horribles o por medio de ruidos.
b) La Obsesión: va más allá. Puede ser externa cuando el demonio actúa en
los sentidos externos del cuerpo o interna cuando influencia la imaginación
o la memoria.
c) Posesión: cuando el demonio toma control de todo el organismo.
El Cura de Ars sufrió de la primera, asedio. Los ataques del demonio
comenzaron en el invierno de 1824. Ruidos horribles y gritos estrepitosos se
oían fuera de la puerta del presbíterio, viniendo aparentemente del pequeño
jardín de enfrente. Al principio el Padre Vianney pensó que eran salteadores
que venían a robar, y a la siguiente noche le pidió a un señor que se
quedase con él. Después de medianoche se comenzó a escuchar grandes ruidos y
golpes contra la puerta de enfrente, parecía como si varios carros pesados
estaban siendo llevados por los cuartos. El señor André buscó su pistola,
miró por la ventana, pero no vio nada, solo la luz de la luna. Decía: "por
15 minutos la casa retembló y mis piernas también", nunca más quiso quedarse
en la casa.
Esto ocurría casi todas las noches. Aún ocurría cuando el santo cura no
estaba en el pueblo. Una mañana el demonio incendió su cama. El santo se
disponía a revestirse para la Santa Misa cuando se oyó el grito de "fuego,
fuego". El solo le dio las llaves del cuarto a aquellos que iban a apagar el
fuego. Sabía que el demonio quería parar la Santa Misa y no se lo permitió.
Lo único que dijo fue "El villano, al no poder atrapar al pájaro le prende
fuego a su jaula". Hasta el día de hoy los peregrinos pueden ver, sobre la
cabecera de la cama, un cuadro con su cristal con las marcas de las llamas
de fuego.
El demonio por espacio de horas haría ruidos como de cristal, o silbidos o
ruidos de caballo y hasta gritaba debajo de la ventana del santo: "Vianney,
Vianney, come papas".
El propósito de todo esto era el de no dejar dormir al Santo Cura para que
se cansara y no pudiese estar horas en el confesionario, donde le arrancaba
muchas almas de sus garras. Pero para el 1845 estos ataques cesaron casi por
completo. La constancia de nuestro santo ante estas pruebas fue recompensada
por el Señor con un poder extraordinario que le concedió de expulsar
demonios de las personas poseídas.
El santo sacerdote se puede decir que pasó su vida en una continua batalla
con el pecado a través de su trabajo en el confesionario. El gran milagro de
Ars era el confesionario.
Miles de personas acudían al pueblo de Ars para ver al Santo Cura, pero
especialmente para confesarse con él.
Peregrinaciones a Ars
La afluencia de peregrinos se inició en el año 1827. A partir del 1828 el
Santo Cura no podía irse ni siquiera por un día.
Sin embargo, no fue exento de críticas y su práctica y amor por los pobres
se le atribuyó a avaricia. Algunos críticos decían que podían ver en él
rasgos de hipocresía o un deseo secreto de sobresalir. Su mansedumbre y
humildad terminaron por vencer sobre sus críticos.
En una ocasión cuando su competencia profesional fue puesta en duda por
algunos de sus hermanos sacerdotes, el obispo de la diócesis mandó a su
Vicario General para que averiguase y diese un reporte sobre el asunto. El
reporte recibido por el obispo fue más que favorable. Aquello sirvió para
que quedase constancia de su vida. Se puede decir que el confesionario era
su morada habitual, pasaba de 11 a 12 horas en el confesionario.
El cúlmen de los peregrinajes se alcanzó en 1845, llegaban de 300 a 400
visitantes todos los días. En el último año de la vida del Santo Cura el
número de peregrinos alcanzó el asombroso número de 100 a 120 mil personas.
Ningún ministerio sacerdotal es tan agotador para la carne y el espíritu
como el estar sentado en el confesionario.
Solo Dios sabe los milagros de gracia ocurridos en ese confesionario, que
hasta hoy se mantiene en pie, en el mismo lugar dónde el lo puso, en la
capilla de Santa Catalina, o en la sacristía donde usualmente escuchaba las
confesiones. En su manera de lidiar con las almas era infinitamente gentil y
al mismo tiempo decía la verdad que el alma necesitaba escuchar para su
bien. Sus exhortaciones eran breves y dirigidas al punto necesario.
El cura de Ars tenía también el don de profecía. En mayo 14 de 1854, el
Obispo de Ullathorne llamó a nuestro santo y le pidió que orase por
Inglaterra. El Obispo de Birmingham cuenta que el hombre de Dios dijo, con
convicción extraordinaria: "Monseigneur, creo que la Iglesia en Inglaterra
será restaurada a su esplendor".
También tenía una gran devoción a Santa Filomena. La llamaba "mi agente con
Dios". Le construyó una capilla en su honor y también un santuario.
En una ocasión cayó tan enfermo, que parecía ser su final y prometió a la
santa ofrecer 100 misas en su honor en su santuario. Cuando la primera Misa
estaba siendo ofrecida, entró en éxtasis, durante el cual se le escuchaba
murmurar: "Filomena", repetidas veces. Cuando salió de su éxtasis exclamó:
"estoy sanado" , y le atribuyó su sanación a Santa Filomena.
Huída de Ars
Una tentación le persiguió casi por toda su vida en Ars, y esta era el deseo
de la soledad. Con toda sinceridad, M. Vianney se sentía incapaz para su
oficio en Ars. El año anterior a su muerte le dijo a un misionero: "Tú no
sabes lo que es pasar del cura de almas al tribunal de Dios". En el 1851 le
rogó a su obispo que lo dejase renunciar. En tres ocasiones llegó hasta irse
del pueblo, pero siempre regresó.
Consumación
Pasaron 41 años desde el primer día en el que el Cura llegó a Ars, fueron
años de actividad indescriptible. Después de 1858 decía con frecuencia: "Ya
nos vamos; debemos morir; y muy pronto". No cabe duda de que él sabía que su
fin estaba cerca. En Julio de 1859, una señora muy devota de San Etienne
vino para confesarse. Cuando se despedía de él le dijo: "Nos veremos de
nuevo en tres semanas", ambos murieron en ese tiempo, y se encontraron en un
mundo mucho más feliz.
El mes de Julio de 1859 fue extremadamente caluroso, los peregrinos se
desmayaban en grandes cantidades, pero el santo permanecía en el
confesionario. El viernes 29 de Julio, fue el último en el que apareció en
la iglesia. Esa mañana entró en el confesionario como a la 1:00 a.m. Pero
después de haberse desmayado en varias ocasiones, le pidieron que
descansara. A la 11:00 dio catecismo por última vez. Esa noche con mucha
dificultad pudo arrastrarse hasta su cuarto. Uno de los Hermanos Cristianos
le ayudó a subirse a su cama, pero el santo le pidió que le dejase solo.
Una hora después de medianoche, aproximadamente, pidió ayuda: "Es mi pobre
fin, llamen a mi confesor". La enfermedad progresó rápidamente. En la tarde
del 2 de Agosto recibió los últimos sacramentos: "Qué bueno es Dios; cuando
ya nosotros no podemos ir más hacia El, El viene a nosotros" .
Veinte sacerdotes con velas encendidas escoltaron al Santísimo Sacramento,
pero el calor era tan sofocante que tuvieron que apagarlas. Con lágrimas en
los ojos dijo: "Oh, que triste es recibir la Comunión por última vez".
En la noche del 3 de Agosto llegó su obispo. El santo lo reconoció pero no
pudo decir palabra alguna. Hacia la medianoche el fin era inminente. A las
2:00 a.m. del Sábado 4 de Agosto de 1859, cuando una tormenta azotaba el
pueblo de Ars, el Obispo M .Monnin leía estas palabras: "Que los santos
ángeles de Dios vengan a su encuentro y lo conduzcan a la Jerusalén
celestial", el Cura de Ars encomendó su alma a Dios.
Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia de Ars
El 8 de Enero de 1905, el Papa Pío X, Beatificó al Cura de Ars; y en la
fiesta de Pentecostés Mayo 31 de 1925, en presencia de una gran multitud, el
Papa Pío XI pronunció la solemne sentencia: "Nosotros declaramos a Juan
María Bautista Vianney que sea santo y sea inscrito en el catálogo de los
santos".