MARAVILLAS DE JESÚS
MARÍA DE LAS MARAVILLAS PIDAL Y CHICO DE GUZMÁN
(1891-1974)
Religiosa, virgen, de la Orden de las Carmelitas Descalzas
Fiesta: 11de diciembre
Nació en Madrid
el 4 de noviembre de 1891, la menor de cuatro hermanos; fue bautizada a los
ocho días y confirmada en 1896. Hizo su primera comunión en 1902. Sus
padres, don Luis y doña Cristina, eran los marqueses de Pidal. Don Luis
había sido Ministro de Fomento y en aquellas fechas era Embajador de España
ante la Santa Sede. Fue educada en sus primeros años especialmente por su
abuela materna, Patricia Muñoz, y ya desde niña experimentó una llamada a
consagrarse al Señor en virginidad. Mientras estudiaba en casa, durante su
adolescencia y juventud se dedicó a obras de caridad, ayudando a muchas
familias necesitadas.
Leía frecuentemente las obras de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la
Cruz y, cautivada por sus vidas y experiencias espirituales, decidió entrar
en las Carmelitas Descalzas de El Escorial (Madrid) donde ingresó el 12 de
octubre de 1919 recibiendo el nombre de Maravillas de Jesús. Con este motivo
D. Pedro Poveda -que será canonizado juntamente con ella- le escribió una
carta de felicitación, a la que contestó agradecida. Tomó el hábito en 1920
e hizo su primera profesión en 1921. Allí mismo, detrás de la celosía que da
al sagrario de la Iglesia conventual, recibió en 1923 la inspiración de
fundar un Carmelo en el centro geográfico de España, El Cerro de los
Ángeles, donde se había levantado el monumento al Sagrado Corazón de Jesús.
El obispo de Madrid-Alcalá, Mons. Eijo y Garay acogió la idea y en 1924 la
Hermana Maravillas y otras tres monjas carmelitas de El Escorial se
instalaron provisionalmente en una casa de Getafe para atender desde allí la
edificación del Convento. En esa casa hizo su profesión solemne el 30 de
mayo de ese mismo año. En 1926 fue nombrada, por el obispo Eijo, priora de
la comunidad y el 31 de Octubre se inauguraba el nuevo Carmelo de El Cerro
de los Ángeles.
Como ya entonces acudieron muchas vocaciones, la Madre Maravillas vio en
ello una señal de Dios para fundar nuevas “casas de la Virgen”. En 1933, a
petición del obispo, misionero carmelita, Mons. Arana, fundó otro Carmelo en
Kottayam (India) enviando a ocho monjas. A ella no le permitieron ir sus
superiores.
Durante la persecución religiosa en España a partir de 1931 pasaba todas las
noches muchas horas orando desde su Carmelo, contemplando el monumento al
Sagrado Corazón, y solicitó y obtuvo permiso del Papa Pío XI para salir con
su comunidad, exponiendo sus vidas, si llegara el momento de defender la
sagrada imagen, en caso de ser profanada. En julio de 1936 las Carmelitas
fueron expulsadas de su Convento y llevadas detenidas a las Ursulinas de
Getafe. Después se refugiaron en un piso de la calle Claudio Coello, 33, de
Madrid, donde pasaron catorce meses de sacrificios, privaciones, registros y
amenazas, deseando recibir la gracia del martirio. En 1937 la Madre pudo
salir con su comunidad de Madrid y, pasando por Lourdes entró en España para
instalarse en el abandonado “desierto” de Las Batuecas (Salamanca), que
había podido adquirir antes de la guerra. Allí y a petición del obispo de
Coria-Cáceres fundó un nuevo Carmelo. En 1938 hizo voto de hacer siempre lo
más perfecto. En marzo de 1939 pudo volver a recuperar, totalmente destruido
en la guerra, el de El Cerro de los Ángeles, donde fue elegida nuevamente
priora. En este tiempo dio testimonio de fe, heroísmo y fortaleza, prudencia
y serenidad y de una extraordinaria confianza en Dios.
Desde entonces y en muy pocos años realizó las fundaciones de otros muchos
Carmelos: en 1944 el de Mancera de Abajo (Salamanca); en 1947 el de Duruelo
(Ávila), cuna de la reforma carmelitana de San Juan de la Cruz; en 1950
traslada la comunidad de Las Batuecas, -cediendo este “desierto” a los
padres carmelitas descalzos-, a Cabrera (Salamanca); en 1954 el de Arenas de
San Pedro (Ávila); en 1956 el de San Calixto, en la sierra de Córdoba; en
1958 el de Aravaca (Madrid); en 1961 el de La Aldehuela (Madrid), en el que
es elegida priora y en él vivió hasta su muerte; en 1964 el de Montemar-Torremolinos
(Málaga).
Además, con hermanas de algunos de los Carmelos fundados por ella, ayudó en
1954 al de Cuenca (Ecuador), en 1964 al de El Escorial y en 1966 al de La
Encarnación de Ávila, donde había entrado y vivido Santa Teresa de Jesús
durante treinta años. En 1960, en Talavera de la Reina (Toledo), edifica un
convento, también con iglesia de nueva planta, para los padres carmelitas
descalzos. En su vida, además del P. Alfonso Torres, S.J. fueron sus
directores espirituales el P. Florencio del Niño Jesús, O.C.D., y el P.
Valentín de San José, O.C.D.
Desde el Carmelo de La Aldehuela, la Madre Maravillas, donde pasó sus
últimos catorce años, continuó atendiendo las necesidades de todos esos
Carmelos e, incluso desde la clausura, realizó una labor social como la
construcción de viviendas prefabricadas y la ayuda en la construcción de una
barriada de doscientas viviendas. A sus expensas hizo edificar también una
Iglesia y un colegio. Sostuvo económicamente a distintos seminaristas para
que pudieran llegar a ser sacerdotes, realizó una fundación benéfica para
sostener a religiosas enfermas, compró una casa en Madrid para alojar a las
carmelitas que tuvieran necesidad de permanecer algún tiempo en tratamientos
médicos y costeó al Instituto Claune la edificación de una clínica para
religiosas de clausura. En la iniciativa y desarrollo de estos servicios
caritativos, que solía empezar sin medios económicos, confiaba siempre en la
Providencia de Dios, que nunca le faltó.
Se sentía feliz de ser carmelita descalza, “hija de nuestra santa madre
Teresa” y consideraba un tesoro la vida y los textos de Santa Teresa de
Jesús y San Juan de la Cruz. Siguiendo las directrices del Concilio Vaticano
II, que aconseja la unión o asociación de monasterios de vida contemplativa,
en 1972 obtuvo la aprobación de la Santa Sede de la “Asociación de Santa
Teresa”, integrada por los Carmelos fundados por ella -y por otros que
entonces se adhirieron- y, en 1973, fue elegida Presidenta. En los conventos
en que vivió había sido elegida Priora de la Comunidad, -en total cuarenta y
ocho años-, mostrando a la vez a sus hermanas caridad y firmeza, ánimo y
consuelo, pidiendo siempre el parecer de las demás. Irradiaba paz y dulzura
en sus palabras y gestos, de tal forma que quienes la trataron salieron
siempre agraciados con su testimonio de amor Dios y de disponibilidad a la
Iglesia como fiel hija suya.
La Madre Maravillas de Jesús es una de las grandes místicas de nuestro
tiempo. Vivió una maravillosa experiencia de su unión con Dios, con una rica
vida interior como se refleja en las cartas íntimas a sus directores
espirituales, que sólo se han conocido después de su muerte. Pasó por la
vivencia de “las noches” y por el gozo del amor profundo de Dios y de su
respuesta de amor a Él. La capacidad de contagiar el amor de Dios le
provenía de su unión con Él y de su gran capacidad y disposición para la
oración. Expresaba: “Me abraso en deseos de que las almas vayan a Dios”.
Durante toda su vida se entregó amorosamente al cumplimiento de la voluntad
de Dios, y en la última etapa, ofreciendo su enfermedad y dando testimonio:
“Lo que Dios quiera, como Dios quiera, cuando Dios quiera” solía repetir a
sus hijas. Amó y vivió la pobreza y humildad heroicamente, infundiendo este
espíritu en sus hermanas. Destacó también por su fidelidad al ideal
teresiano.
Ya en 1962 había tenido un trastorno circulatorio del que se repuso. En 1972
sufrió un paro cardíaco del que se recuperó, pero su salud quedó ya muy
quebrantada. En la solemnidad de la Inmaculada de 1974, recibió la Unción de
los enfermos y el santo Viático. Murió, a los 83 años, en el Carmelo de La
Aldehuela, el 11 de diciembre de 1974, rodeada de sus hijas y repitiendo:
“¡Qué felicidad morir carmelita!”.
Fue beatificada en Roma por el Papa Juan Pablo II el día 10 de mayo de 1998,
sus reliquias permanecen en la Iglesia del Carmelo de La Aldehuela (Madrid)
y su memoria litúrgica se viene celebrando el 11 de diciembre.
TEXTOS DE LA MADRE MARAVILLAS DE JESÚS
Yo no quiero la vida más que para imitar lo más posible la de Cristo.
He tomado a la Virgen Santísima por Madre de un modo especialísimo y ella es
la encargada también de prepararme y ampararme.
Me pareció entender que no era lo que le agradaba a Dios lo que fuera mayor
sacrificio, sino el cumplimiento exacto y amoroso de su voluntad divina en
sus menores detalles, y como quería fuese muy delicada en este cumplimiento,
que me llevaría muy lejos en el sacrificio y en el amor.
Hace tiempo que no me cuestan las cosas que quiero hacer por el Señor como
antes me costaban, ni nada de lo que Él me envía, por doloroso que sea,
porque viendo que es su voluntad, ya es de veras la mía sin esfuerzo alguno.
Me da el Señor tal deseo de amarle, que no sólo durante el día no puedo
pensar en otra cosa, quedándose todas las cosas de la vida como por fuera.
Quisiera yo poder, a costa de cuanto fuera necesario, transformar las
ofensas que en el mundo se cometen, en gloria, amor y consuelo para el
Corazón de mi dulcísimo Jesús. ¡Quisiera tanto amarle de veras y
glorificarle! A pesar de mi pobreza me da el Señor un vivo deseo de esto, de
borrar, si pudiera, todas las ofensas que se le hacen y de sufrir,
pareciéndome esto lo más deseable de este mundo.
Si no me concede la gracia tan inmerecida de poder dar la vida por Él, que
es mi mayor deseo, quisiera emplearla toda en sufrir cuanto pudiera por su
amor.
Yo quiero a todo trance santificarme, entregar, pero de veras, toda mi nada
al Señor.
Estoy contentísima con la idea de hacer así el conventico como los pobres,
es decir, como lo que somos. A mi Cristo le gusta que lo hagamos con
pobreza, y a mí también....
Da una devoción este trabajar como los pobres. Es que trabajar para ganarse
la vida es dulcísimo para el alma y durillo para el tonto cuerpo.
Me figuro que estarán entusiasmadas con el Concilio, ¡qué hermosura y qué
felicidad ser hijas de la Iglesia!
¡Lo que Él quiera! Si él no lo quiere, ¿para que vamos a quererlo nosotras?
Hermanas, quisiéramos abarcar el mundo entero, pero como esto no es posible,
que no quede sin atender nada de lo que pase a nuestro lado.
La corona no es de los que comienzan, sino de los que perseveran hasta el
fin. Esta vida se pasa volando, y lo único que vale es lo que hagamos para
la otra.
¿Miedo a la muerte? Si la muerte no es más que echarse en las manos de Dios.