Santo Tomás Apóstol
Siglo I
Fiesta: 21 de Diciembre
Tomás significa "gemelo"
La tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la
India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida
estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio.
De este apóstol narra el santo evangelio tres episodios.
El primero sucede cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalén, donde
según lo anunciado, será atormentado y lo matarán. En este momento los
discípulos sienten un impresionante temor acerca de los graves sucesos que
pueden suceder y dicen a Jesús: "Los judíos quieren matarte y ¿vuelves
allá?. Y es entonces cuando interviene Tomás, llamado Dídimo (en este tiempo
muchas personas de Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en
griego. Así por ej. Pedro en griego y Cefás en hebreo). Tomás, es nombre
hebreo. En griego se dice "Dídimo", que significa lo mismo: el gemelo.
Cuenta San Juan (Jn. 11,16) "Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás:
Vayamos también nosotros y muramos con Él". Aquí el apóstol demuestra su
admirable valor. Un escritor llegó a decir que en esto Tomás no demostró
solamente "una fe esperanzada, sino una desesperación leal". O sea: él
estaba seguro de una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y terrible
que fuera, no quería abandonar a Jesús. El valor no significa no tener
temor. Si no experimentáramos miedo y temor, resultaría muy fácil hacer
cualquier heroísmo. El verdadero valor se demuestra cuando se está seguro de
que puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores y terrores y sin
embargo arriesgarse a hacer lo que se tiene que hacer. Y eso fue lo que hizo
Tomás aquel día. Nadie tiene porque sentirse avergonzado de tener miedo y
pavor, pero lo que sí nos debe avergonzar totalmente es el que a causa del
temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos dice que sí debemos hacer,
Santo Tomás nos sirva de ejemplo.
La segunda intervención: sucedió en la Última Cena. Jesús les dijo a los
apóstoles: "A donde Yo voy, ya sabéis el camino". Y Tomás le respondió:
"Señor: no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn. 14,
15). Los apóstoles no lograban entender el camino por el cual debía
transitar Jesús, porque ese camino era el de la Cruz. En ese momento ellos
eran incapaces de comprender esto tan doloroso. Y entre los apóstoles había
uno que jamás podía decir que entendía algo que no lograba comprender. Ese
hombre era Tomás. Era demasiado sincero, y tomaba las cosas muy en serio,
para decir externamente aquello que su interior no aceptaba. Tenía que estar
seguro. De manera que le expresó a Jesús sus dudas y su incapacidad para
entender aquello que Él les estaba diciendo.
Admirable respuesta:
Y lo maravilloso es que la pregunta de un hombre que dudaba obtuvo una de
las respuestas más formidables del Hijo de Dios. Uno de las más importantes
afirmaciones que hizo Jesús en toda su vida. Nadie en la religión debe
avergonzarse de preguntar y buscar respuestas acerca de aquello que no
entiende, porque hay una verdad sorprendente y bendita: todo el que busca
encuentra.
Le dijo Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre
sino por mí" Ciertos santos como por ejemplo el Padre Alberione, Fundador de
los Padres Paulinos, eligieron esta frase para meditarla todos los días de
su vida. Porque es demasiado importante como para que se nos pueda olvidar.
Esta hermosa frase nos admira y nos emociona a nosotros, pero mucho más
debió impresionar a los que la escucharon por primera vez.
En esta respuesta Jesús habla de tres cosas supremamente importantes para
todo israelita: el Camino, la Verdad y la Vida. Para ellos el encontrar el
verdadero camino para llegar a la santidad, y lograr tener la verdad y
conseguir la vida verdadera, eran cosas extraordinariamente importantes.
En sus viajes por el desierto sabían muy bien que si equivocaban el camino
estaban irremediablemente perdidos, pero que si lograban viajar por el
camino seguro, llegarían a su destino. Pero Jesús no sólo anuncia que les
mostrará a sus discípulos cuál es el camino a seguir, sino que declara que
Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.
Notable diferencia: Si le preguntamos al alguien que sabe muy bien: ¿Dónde
queda el hospital principal? Puede decirnos: siga 200 metros hacia el norte
y 300 hacia occidente y luego suba 15 metros... Quizás logremos llegar.
Quizás no. Pero si en vez de darnos eso respuesta nos dice: "Sígame, que yo
voy para allá", entonces sí que vamos a llegar con toda seguridad. Es lo que
hizo Jesús: No sólo nos dijo cual era el camino para llegar a la Eterna
Feliz, sino que afirma solemnemente: "Yo voy para allá, síganme, que yo soy
el Camino para llegar con toda seguridad". Y añade: Nadie viene al Padre
sino por Mí: "O sea: que para no equivocarnos, lo mejor será siempre ser
amigos de Jesús y seguir sus santos ejemplos y obedecer sus mandatos. Ese
será nuestro camino, y la Verdad nos conseguirá la Vida Eterna".
El hecho más famoso de Tomás

Los creyentes recordamos siempre al apóstol Santo Tomás por su famosa duda
acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a
Cristo glorioso.
Dice San Juan (Jn. 20, 24) "En la primera aparición de Jesús resucitado a
sus apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían: "Hemos
visto al Señor". El les contestó: "si no veo en sus manos los agujeros de
los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi
mano en la herida de su constado, no creeré". Ocho días después estaban los
discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presento Jesús y dijo a Tomás:
"Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida
de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contestó: "Señor
mío y Dios mío". Jesús le dijo: "Has creído porque me has visto. Dichosos
los que creen sin ver".
Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de
que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte.
Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la
muerte de su amigo, se había retirado por un poco de tiempo del grupo. De
manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los
demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había
resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera
cierta.
Tomás cometió un error al apartarse del grupo. Nadie está pero informado que
el que está ausente. Separarse del grupo de los creyentes es exponerse a
graves fallas y dudas de fe. Pero él tenía una gran cualidad: se negaba a
creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía, lo que
en realidad no creía. El no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar
de ese tema. No, nunca iba a recitar el credo un loro. No era de esos que
repiten maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería
estar seguro de su fe.
Y Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias las
seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo es
bellísima profesión de fe "Señor mío y Dios mío", y por eso se fue después a
propagar el evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en
Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús
aquella bella noticia: "Dichosos serán los que crean sin ver".
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