
San UrbanoV
Papa
Año 1310-1370
Fiesta: 19 de Diciembre
Una de las épocas más difíciles de la Iglesia
Católica fue lo que se ha llamado "El destierro de Avignon, o destierro de
Babilonia", cuando los Papas se fueron a vivir a una ciudad francesa,
llamada Avignon, poco después del año 1300, porque en Roma se les había
hecho la vida poco menos que imposible a causa de las continuas
revoluciones.
Entre todos los Papas que vivieron en Avignon el más santo fue San Urbano V.
Nació en Languedoc, Francia, en 1310. Hizo sus estudios universitarios y
entró de monje benedictino. Fue superior de los principales conventos de su
comunidad y como tenía especiales cualidades para la diplomacia los Sumos
Pontífices que vivieron en Avignon lo emplearon como Nuncio o embajador en
varias partes.
Estaba de Nuncio en Nápoles cuando llegó la noticia de que había muerto el
Papa Inocencio VI y que él había sido nombrado nuevo Sumo Pontífice. Y no
era ni obispo menos cardenal. En sólo un día fue consagrado obispo, y
coronado como Papa. Escogió el nombre de Urbano, explicando que le agradaba
ese nombre porque todos los Papas que lo habían llevado habían sido santos.
Como Sumo Pontífice se propuso acabar con muchos abusos que existían en ese
entonces. Quitó los lujos de su palacio y de sus colaboradores. Se preocupó
por obtener que el grupo de sus empleados en la Corte Pontificia fuera un
verdadero modelo de vida cristiana. Entregó los principales cargos
eclesiásticos a personas de reconocida virtud y luchó fuertemente para
acabar con las malas costumbres de la gente. Al mismo tiempo trabajó
seriamente para elevar el nivel cultural del pueblo y fundó una academia
para enseñar medicina.
Con la ayuda de los franciscanos y de los dominicos emprendió la
evangelización de Bulgaria, Ucrania, Bosnia, Albania, Lituania, y hasta
logró enviar misioneros a la lejanísima Mongolia.
Lo más notorio de este santo Pontífice es que volvió a Roma, después de que
ningún Papa había vivido en aquella ciudad desde hacía más de 50 años. En
1366 decidió irse a vivir la Ciudad Eterna. El rey de Francia y los
cardenales (que eran franceses) se le oponían, pero él se fue resueltamente.
Las multitudes salieron a recibirlo gozosamente por todos los pueblos por
donde pasaba y Roma se estremeció de emoción y alegría al ver llegar al
nuevo sucesor de San Pedro.
Al llegar a Roma no pudo contener las lágrimas. Las grandes basílicas,
incluso la de San Pedro, estaban casi en ruinas. La ciudad se hallaba en el
más lamentable estado de abandono y deterioro. Le había faltado por medio
siglo la presencia del Pontífice.
Urbano V con sus grandes cualidades de organizador, emprendió la empresa de
reconstruir los monumentos y edificios religiosos de Roma. Estableció su
residencia en el Vaticano (donde vivirán después por muchos siglos los
Pontífices) y pronto una gran cantidad de obreros y artistas estaban
trabajando en la reconstrucción de la capital. También se dedicó a
restablecer el orden en el clero y el pueblo, y en breve tiempo se dio
trabajo a todo mundo y se repartieron alimentos en gran abundancia. La
ciudad estaba feliz.
Pronto empezaron a llegar visitantes ilustres, como el emperador Carlos IV
de Alemania, y el emperador Juan Paleólogo de Constantinopla. Todo parecía
progresar.
Empezaron otra vez las revoluciones, y sus empleados franceses insistían en
que el Papa volviera a Avignon. Urbano se encontraba bastante enfermo y
dispuso irse otra vez a Francia en 1370. Santa Brígida le anunció que si
abandonaba Roma moriría. El 5 de diciembre salió de Roma y el 19 de
diciembre murió. Dejó gran fama de santo.
No tengáis temor al que os pueda quitar la vida del cuerpo. Temed al que
puede enviar el alma al infierno (Jesucristo).
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