¿Cómo fue su llamada para ser sacerdote?
La llamada o vocación la sentí desde pequeñito. Yo recuerdo que notaba una inquietud interior. Sobre todo a partir del uso de razón, me fui dando cuenta de que me llenaba el participar en la celebración de la Eucaristía, el vivir en la vida parroquial en mi parroquia de San Marcos, en Icod de Los Vinos. Y poco a poco fui descubriendo esa inquietud para ser sacerdote. Ello me llevó en un momento determinado, del ambiente de los monaguillos, al de los seminaristas de Icod, hasta plantearle a mi párroco que quería ir al Seminario y después a mis padres. Entré al seminario a los 12 años hasta los 24. Y me ordené a los 26 después de unos meses de experiencia pastoral en Valle Gran Rey, La Gomera; el servicio militar en la Marina, en San Fernando de Cádiz y Las Palmas; y finalmente en la Vicaría de Pastoral preparando la Asamblea Diocesana del año 1989.
¿Cómo fue la reacción de su familia?
La reacción no fue ni mala ni buena, sino una reacción de acogida. Yo recuerdo que como estaba con esa inquietud interior y no sabía cómo plantearlo a mis padres, y teniendo cierto recelo porque no sabía qué me iban a decir, en un momento determinado que suspendí el curso, se lo dije a mi madre; ella se lo dijo a mi padre, y juntos me dijeron que tranquilo, que no pasaba nada. Me fui al Seminario repitiendo sexto de EGB. Mis padres se quedaron satisfechos, porque respondieron afirmativamente a una inquietud de un niño, que después vieron cómo se iba solidificando y afianzando con el tiempo.
Lo importante en el Seminario Menor es garantizar la inquietud que siente el niño, se arrope, se ayude, se mime por parte de la familia, sobre todo para que no se pierda esa inquietud. Pero después tiene que irse discerniendo y afianzando con el tiempo, para saber si hay vocación o no. La vocación es un regalo de Dios, una llamada de Dios, es algo que no se puede atribuir a uno mismo.
¿Cómo le fue en el Seminario?
En el Seminario pasé la mitad de mi infancia y toda mi juventud. Tuve momentos buenos y momentos de dificultad. Tuve las crisis lógicas del crecimiento, como adolescente, como joven y las inquietudes que todo tenemos en esa edad. Pero en general, mi balance es positivo.
¿Recuerda alguna anécdota que le haya pasado?
Tuve muchísimas anécdotas. Recuerdo que vinieron muchos vocacionados a la orden betlemita y nos gustaba muchísimo, jugar al fútbol con ellos, y así compartir un poco para incorporarlos a la realidad eclesial de La Laguna y a nuestra Diócesis. Disfrutábamos muchísimo con su acento guatemalteco.Y por supuesto bromas que nos gastábamos los compañeros.
De todos los que entraron con usted ¿se ordenó alguno?
De los chicos que entraron conmigo al Seminario en sexto de EGB. solamente fui ordenado yo. Aunque durante ese tiempo, se incorporaron dos compañeros; uno se incorporó en BUP y estuvo hasta quinto de institucional, a las puertas del sacerdocio, pero lo dejó; otro se incorporó en segundo de institucionales y actualmente es sacerdote.
El Seminario es un semillero, y como tal, unos siguen la vocación hacia el sacerdocio y otros siguen otra vocación, a la que el Señor les llame. Lo importante es que la descubran. Allí, no sólo se da una educación exclusiva sacerdotal, sino que en el Seminario se da una educación cristiana y general. Por él han pasado muchísimos niños y jóvenes, que actualmente tienen diferentes carreras y profesiones. Y lógicamente, no todos terminan siendo sacerdotes.
¿Qué sintió el día de su ordenación?
Fue un momento de inmensa felicidad, es indescriptible. Además de ver realizado el proyecto de la vocación, de la llamada, ver la felicidad de todas las personas que me rodeaban, que me habían ayudado a llegar al sacerdocio. En primer lugar mis padres, mis hermanos, toda mi familia, la comunidad parroquial a la que pertenecía y a la que me siento muy vinculado, porque la fe nació y creció allí, en la parroquia de San Marcos; al Seminario, a todos los sacerdotes que me habían acompañado, a los compañeros; es una alegría que se comparte por ser agraciado por el Señor para ser elegido para ese ministerio, y que se desborda, que se comparte con todas estas personas que te quieren.
¿Cuál fue su primera parroquia y cómo vivió esa etapa?
Mi primera parroquia fue la de la Virgen de Candelaria, en Chipude, La Gomera, junto con la parroquia de Nuestra Señora de Las Nieves, en La Dama, durante los dos primeros años. Al tercer año, además de esas dos, la de la Virgen de la Salud, en Arure. Tenía toda la parte alta de La Gomera y gran parte de la zona sur, eran bastantes kilómetros, desde Arguayoda, en el municipio de Alajeró, pasando por toda la zona sur de Vallehermoso y en el último año la zona de Valle Gran Rey:Taguluche, Arure, las Hayas. Todos esos barrios, y los diferentes pagos, los recorría con mucho cariño. La gente de La Gomera es una gente maravillosa, súper-acogedora, humilde, sencilla, cercana. Recuerdo esos tres años que estuve allí, con una alegría inmensa. Había un equipo de sacerdotes que llevaban algunos años antes que yo, pero que me incorporé porque tenía amistad con muchos de ellos y había hecho experiencia pastoral allí. Trabajé muy a gusto.
¿En cuantas parroquias ha estado?
Además de esas tres, en las parroquias de Villa de Mazo, en La Palma, que son: San Blas y Santo Domingo de Guzmán, durante ocho años; y después en la parroquia de San Sebastián, en Santa Cruz de Tenerife, durante dos años. Y ahora, aquí.
¿Qué diferencias ha encontrado entre las diversas parroquias?
En todas las parroquias hay un denominador común que es el deseo de vivir la fe. Siempre te encuentras con gentes que están en las parroquias y que llevan el peso de la comunidad, que son incondicionales para fortalecer la fe, para estar al lado del sacerdote, para trabajar incansablemente por esa vinculación y por esa animación en la fe de la vida de la comunidad. Después hay variantes en cuanto a caracteres, formas y enfoque, pero yo no me fijo tanto en las diferencias, sino en la inquietud de los cristianos comprometidos.
En La Gomera, la gente es muy sencilla, muy acogedora, muy buena; en La Palma es gente exquisita, con un sentido estético y solidario muy grande, muy trabajadora, muy esforzada. San Sebastián es una parroquia pequeñita, que está inmersa en medio de Santa Cruz de Tenerife, pero donde hay un grupo de personas con mucha inquietud, dentro de aquel mundo tremendo que está creciendo, en el que también quieren anunciar el Evangelio de Jesús y hacen el esfuerzo para llevarlo a los demás. Y en La Vera, en el poco tiempo que llevo, veo que es una parroquia muy grande, en la que hay mucho trabajo que hacer, en la que hay unas personas con mucha inquietud y entusiasmo en la fe.
Y hablando de La Vera, ¿Cuál fue su primera reacción al ser nombrado párroco?
Fue de sorpresa. No sabía qué hacer, porque yo estaba empezando en la otra parroquia, llevaba apenas dos años, y los feligreses me estaba conociendo. Se lo planteé al Obispo, pero yo mostré mi disponibilidad y se lo dije. El Obispo se decantó porque yo viniera. Creía que era lo mejor para mí y sobre todo, también teniendo en cuenta las necesidades de la Vera. Me puse en manos del Señor.
Pensé que si el Obispo lo creía así, es porque era necesario para esta Comunidad, y aquí estoy. Pero mi reacción, fue de cierta sorpresa, por el poco tiempo que llevaba en la otra parroquia.
¿Qué facilidades y dificultades ha encontrado?
Dificultades no he encontrado ninguna hasta la fecha. Facilidades todas. Empezando por el grupo de personas muy bueno que está trabajando codo a codo en la vida de la comunidad, desde la Catequesis, Cáritas, Liturgia, cofradías, asociaciones de fieles. Y he visto por parte de la gente que está más vinculada en la Comunidad, muchos deseos de trabajo, de esfuerzo. Facilidades también en los sectores sociales, por la buena acogida que he tenido de los responsables de los diferentes municipios a los que pertenece la parroquia; sobre todo donde están la mayoría de los fieles, que son en el Puerto de la Cruz y La Orotava.Por parte de las autoridades y de todas las diferentes asociaciones de vecinos, la acogida ha sido muy buena.
Dentro de las diversas actividades que están funcionando ¿Cuál cree que es la prioritaria?
El trabajo con la familia es fundamental, teniendo en cuenta que la familia es la célula básica de la sociedad. Si nosotros queremos que nuestra sociedad sea más sana, con una proyección de futuro más esperanzador, transformadora de la vida, creo que debemos trabajar mucho en el tema de la familia. Y ahí no se trabaja desde un campo solamente, sino que se tiene que trabajar desde todos los campos pastorales: desde la catequesis, desde Cáritas, desde la propia pastoral familiar, en la pastoral prematrimonial, y desde todos los ámbitos de trabajo de la vida parroquial. A mí me parece que la familia es básica, fundamental y todo lo que hagamos en la familia, es una inversión de pleno rendimiento. Digamos que es una inversión, que en términos económicos, genera un beneficio que se va multiplicando con una proyección geométrica. Lógicamente, ahí nos jugamos todo.
Envíe un mensaje para la comunidad de La Vera
El mensaje es un mensaje de esperanza. En un mundo en que hay mucho egoísmo, que genera muchas diferencias en las relaciones humanas. Yo creo que tenemos que ser una Comunidad reconciliada y reconciliadora, en medio de nuestra sociedad.
El célebre pensamiento de la era de la globalización, también es aplicable a la vida cristiana: "Tenemos que pensar en global, pero actuar en concreto". En la medida en que yo sea agente de reconciliación en el medio en que me muevo, entre mis familiares, mis amistades, los convecinos; en esa medida, estoy aportando mucho para que nuestro mundo sea más próspero, más fraterno, más solidario, con más justicia. El mensaje que yo daría por tanto a la Vera, es que tenemos que ser un Pueblo con un espíritu inquebrantable de paz, esperanza y libertad.
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