D. Simón Herrera García, nació en Garafía en la isla de La Palma el 5 de enero de 1971, siendo el menor de tres hermanos. A los dos años se trasladó a vivir con su familia a Santa Cruz de La Palma y allí vivió hasta su mayoría de edad, viniendo después a Tenerife para comenzar estudios universitarios en la facultad de Geografía e Historia de La Laguna. Sólo permaneció un curso en esta facultad, porque al año siguiente, en el año1990 ingresó en el Seminario de Tenerife.
¿Cómo descubrió su vocación al sacerdocio? Yo, desde muy pequeño, he estado vinculado a la Iglesia, en la parroquia de San Francisco de Asís de Santa Cruz de La Palma; mi madre siempre me llevaba a misa, así que decidí hacerme monaguillo. Esto hizo que tuviera un mayor contacto con el párroco, que por cierto siempre mostró una gran sensibilidad hacia las vocaciones sacerdotales. Cuando ya me acercaba a la adolescencia, un día me planteó la posibilidad de si el Señor no me podría estar llamando por el camino del sacerdocio. Yo al principio lo tomé como algo importante, pero no lo tenía del todo claro. Con el paso de los años, comenzaron a entrar en el Seminario algunos chicos de la parroquia y eso en cierto modo, despertó algo en mi que hasta entonces sólo veía como una posibilidad. Poco después, el párroco me lo planteó de una manera más seria, teniendo que responder a la pregunta de si el Señor te llama ¿qué le dirías?. Yo después de haberlo reflexionado pensé que diría que Si. Pero fue en ese año en la universidad con 19 años cuando ya me decidí a dar el paso después de haberlo madurado bien.
¿Cómo fue su vida de seminarista? La verdad que al principio me hacia la idea de que me iba a sentir extraño porque eso del seminario implicaba un cambio de vida brusco. Pero cuando llegué allí y conocí a los compañeros, esa idea cambió. Me encontré un grupo de personas que pensaban como yo, se sentían llamados como yo, y estaban en el mismo camino que yo, hacia el sacerdocio. Fueron unos años que me ayudaron a crecer mucho como persona en todos los aspectos y de una manera especial como cristiano. Son años que hoy me traen muchos recuerdos porque viví experiencias inolvidables, conocí a mucha gente y por supuesto, me prepararon bien para llegar hasta lo que soy hoy.

¿Dígame uno de sus recuerdos más gratos en el seminario? Siempre recuerdo con mucha emoción el día en que fui admitido por la Iglesia a las sagradas órdenes, en lo que hoy se conoce como La Admisión. Eso suponía que la iglesia reconocía mi vocación y que me impulsaba y animaba a seguir adelante diciéndome: "Dios que me comenzó en ti la obra buena, el mismo la lleve a término".
¿Qué sintió el día de su ordenación? Primeramente mucha alegría, porque podía cumplir lo que Dios había pensado para mi muchos años atrás y que yo había madurado durante ese tiempo. Suponía la realización de un sueño para el que no me veía digno, pero aún así hoy sigo viendo los frutos de todo lo que el Señor me regaló aquella tarde de verano del 7 de julio del 1996, lluviosa por cierto.
¿Se deben tener alguna cualidad concreta para ser sacerdote? Lo primero por supuesto es haber sido llamado por Dios, y cuando Él llama pues sabe lo que hace, no siempre llama al más inteligente o a los que uno más puede pensar o imaginar. Pero luego sí, en la persona del sacerdote siempre hay que tener unas cualidades que son fundamentales para el ejercicio del ministerio, como pueden ser un buen espíritu de oración, trato abierto y respetuoso con la gente, la formación y el estudio personal, etc.
¿Qué pensó cuando lo destinaron a La Vera? Pues sinceramente no me esperaba el cambio este año, pero cuando el obispo me llamó para hablar conmigo, ya me lo temía. Había oído hablar de La Vera, pero era una realidad desconocida para mi y cuando se me hizo la propuesta de ir allí, no lo pensé, quise ver la voluntad de Dios en la del obispo; así que, aquí estoy.
¿Qué piensa que puede aportar a esta comunidad? Pues los mismo que he pretendido aportar a las comunidades anteriores en las que he estado. No vengo con intención de comenzar cosas raras ni extrañas. Simplemente seguir sembrando la Palabra de Dios en continuidad con lo que ya hicieron mis predecesores, y por su puesto, haciendo Iglesia en medio de una parroquia que camine unida, guiada por Jesucristo único y supremo pastor. Y poder activar de una manera especial, la pastoral juvenil que tan importante es para la parroquia y que parece estar un poco adormecida.
¿Cuáles son sus objetivos más inmediato? A parte de lo dicho anteriormente, pues ir conociendo la realidad de la parroquia en todos sus aspectos, para que desde ahí podamos llevar a cabo una labor de mostrar el evangelio de Jesucristo y acercarlo a todos, sin excluir a nadie.
¿Qué espera de su estancia entre nosotros? Pues sentirme uno más entre todos, alguien cercano con quien se puede dialogar; y por su puesto, ser el pastor que todos esperan de mi. Al mismo tiempo también yo espero el apoyo y colaboración de todos los que aquí vivimos para formar una comunidad parroquial unida y acogedora.
De las parroquia en las que ha estado ¿con qué se siente más satisfecho de las cosas que ha hecho? Pues el haber visto cumplido proyectos que llevaron años realizarse y que a mi me tocó encauzar, como fue la restauración de la iglesia antigua de San Mauro en Puntagorda (La Palma). Y en la parroquia San Juan Bautista de Tacoronte, el trabajo pastoral realizado con los jóvenes que tanto animaron e impulsaron la vida parroquial.
Si tiene que tomar un decisión ¿es impulsivo o reflexivo? Pues la verdad, es que puedo ser impulsivo hacia dentro en un primer momento, pero después, a la hora de expresarlo, no tomo las decisiones sin una deliberada y consultada reflexión.
Actualmente ¿cuál es su mayor preocupación? Me preocupa la falta de formación de nuestros cristianos, muchas veces incapaces de dar respuestas adecuadas, de palabra y de obra, a la in-creencia y a la opinión pública que nos transmite la sociedad de hoy, y que hace nos veamos confundidos en medio de la masa social. Por supuesto, también me preocupa la insolidaridad y la insensibilidad ante problemas como la inmigración o desestructuración familiar.
¿En la actual sociedad que significa ser humilde? Ser humilde es no tener una aspiración a pasar por encima del otro, si no más bien sentirse uno con el otro, construyendo en una misma dirección y colaborando a crear un mundo más justo y fraterno.
¿Qué aficiones tiene en su ratos de ocio? Pues me encanta ver deportes: el fútbol, el baloncesto, pero sobre todo el Fútbol americano( deporte parecido al rugby, que se juega con cascos en Estados Unidos), además me gusta viajar, conocer culturas y costumbres de los pueblos, hacer excursiones por la naturaleza.
Usted que ha viajado tanto, ¿qué es lo más bonito que ha visto? Pues siempre recuerdo Noruega como un país maravilloso, allí cada rincón es una postal; pero también me quedaría con las montañas de los Alpes de Suiza, o las de Los Dolomitas en el norte de Italia, o ciudades medievales como Brujas en Bélgica o Asís en Italia. De Tierra Santa me gustó mucho el lago de Galilea, del que tanto habla el evangelio.
¿Qué mensaje daría a los matrimonios y a los que están próximos a casarse, en una sociedad como la actual, en que a la familia se le ataca desde todos lados? Pues les diría que el amor lo puede todo, y cuando es verdadero, imagen del de Dios, sólo puede llevar consigo unidad, comprensión, diálogo perdón, etc. Así que no es cuestión de lo que nos venga desde fuera, sino de lo que uno quiere vivir por dentro. Por tanto el amor es posible, porque Dios lo hace realidad en nuestros corazones, nosotros lo que tenemos que hacer es orientarlo de manera pura, adecuada y responsable hacia las personas que queremos.
¿Quiere añadir algún mensaje para la gente de La Vera? Pues, que me he sentido muy bien acogido desde el principio, hasta el punto de darme la impresión de llevar mucho tiempo en este pueblo. Espero que siempre sea así ,y que pueda responder con la ayuda de Dios, a lo que vosotros esperáis de mi. Gracias. |